MENSAJE DE PASCUA 2013

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MENSAJE DE PASCUA 2013
Escuchemos el llamado del Señor: vivamos en la verdad.
A todos mis hermanos: esperanza y paz en la Pascua de Resurrección.
           La celebración anual de la Pascua nos acerca la presencia de Jesucristo. Él nos amó hasta entregarse por nosotros y nos revela el amor del Padre. Su resurrección es el comienzo definitivo de la humanidad nueva, iluminada por la esperanza de la vida eterna.
1. El anuncio de Cristo resucitado: déjate iluminar por Él.
            Este Año de la Fe nos impulsa en primer lugar a escuchar el anuncio gozoso del Evangelio: ¡Cristo resucitó! ¡en verdad resucitó!
            Jesús, que ofrece el sacrificio de sí mismo y resucita glorioso, es el comienzo real de la novedad absoluta de la existencia humana: ha vencido el reino del pecado y sobreabunda la gracia y la misericordia; donde impera la muerte brilla la luz de la vida eterna.
            A cada uno de nosotros el Señor Jesús nos dice: ¡déjate iluminar por mí! ¡acércate para que te cure, te guíe, te eleve a la plenitud de la vida!
2. El lugar de Dios y la relación con él en la vida social.
            Para la inmensa mayoría de la humanidad su racionalidad incluye la trascendencia y lo eterno. El principio y fundamento del hombre y de la sociedad no es él mismo, sino Dios.
Aunque parezca chocar con la vulgata del pensamiento considerado políticamente correcto, afirmar la vida eterna¸ el juicio de Dios y el carácter trascendente de la libertad humana no es cosa menor: ilumina la conciencia, fundamenta la civilización, ordena toda la existencia humana.
A la común certeza de todos los hombres religiosos, la fe cristiana agrega la proclamación de la novedad de lo eterno introducido en la historia: la resurrección de Cristo.
3. La dictadura del relativismo: la libertad de la verdad.
El ‘laicismo militante’, con fervor de cruzada, ha luchado y lucha por imponer una cosmovisión en que se viva ‘como si Dios no existiera’. Pretende hacer irrelevante el hecho religioso, y, aunque sea una minoría relativa, trata de imponerse como pensamiento social global, queriendo relegar la afirmación de Dios al ámbito de lo privado o de lo intrascendente.
Ha contribuido así a la dictadura del relativismo. Este oscuro relativismo inficiona también la vida social, política y jurídica.
Ante él hay que proponer con autonomía la proclamación libre de que hay verdad.  Se ha de promover que, como sostiene la mayoría, – respetando a los demás – se viva ‘como que hay Dios’.
4. El apremio del aborto.
            Ese relativismo impositivo, con la pérdida de la luz de la verdad, como un mensaje de desesperanza, produjo la ley que no sólo ha despenalizado elaborto, sino que ha hecho de él un derecho. Ha pretendido convertir a la muerte provocada de una criatura de tres meses en una mera prestación sanitaria. De una concesión ha hecho una obligación para los que deben salvar vidas. Se cambian los términos y la razón, y así se llama salud a dar muerte.
¡Qué triste desconocer al niño en las entrañas! ¡Qué falso comunicarles a los jóvenes ese mensaje de desesperanza y de muerte! ¡Al aprobar un derecho a dar muerte, se destruyen los fundamentos de la vida personal y social!
En cambio Cristo resucitado, el mismo que se entregó en la cruz, nos proclama el valor infinito de cada ser humano y la dignidad de sufrir, de despojarse por él, para salvar la vida de todos, hasta del más débil, con una amor más grande que el arquetípico amor de madre (cf. Is.49,15).
5. La negación del matrimonio de varón y mujer.
            Es una  pérdida de la luz de la verdad, un mensaje de desesperanza, el proyecto de ley que destruye legalmente al matrimonio y por lo mismo a la familia, que es fundamento de la educación y de la vida social.
            Es bueno evitar las discriminaciones injustas y, por cierto, respetar a todas las personas. Ese respeto llega a los homosexuales, no como concesión, sino como a todos los demás.
            La dictadura del relativismo no encuentra otro camino para respetar a los homosexuales que negar la realidad diferente del matrimonio, constituido por varón y mujer, que a ojos vista, es otra cosa que una unión de seres humanos del mismo sexo. Para alcanzar su meta se suprimen los términos de marido y mujer, esposo y esposa, padre y madre, queriendo destruir por decreto una de las realidades más obvias, cuya aceptación diversa fundamenta la vida psíquica y moral.
¿Dónde queda el respeto por la realidad, por la diversidad de los que, siguiendo la naturaleza, se casan  como varón y mujer, quieren tener una unión estable, y formar una familia en la que procrear y educar a sus hijos? ¿Hay que hacer abstracción de esta realidad que es la mayoritaria y la que funda las familias, base de la sociedad? ¿Por qué no se reconoce el matrimonio – de varón y mujer – como lo que es: diferente, diverso, de una unión homosexual? ¿Por qué no se reconoce el deber de ayudar a que los niños que necesitan ser  adoptados a tener la figura paterna y materna?
En último término, ¿por qué no se ayuda a la mayoría para que pueda formar un mejor matrimonio, fundar una familia con mejores valores y más estable? ¿No es éste el fundamento de la educación por la que tanto se debe luchar?
Cristo resucitado ilumina la vocación al matrimonio, que viene de la creación de varón y mujer. Él rescata el valor de la fidelidad, la entrega, el gozo, la generosidad en la procreación y educación, la esperanza de eternidad para el amor conyugal y para los hijos.
6. La puerta de la esperanza.
En todas las épocas los hombres y las mujeres – a veces por caminos difíciles – han procurado seguir la voz de la conciencia, han distinguido entre el bien y el mal, se han esforzado por vivir la aventura humana más allá de los oscuridades propias y ajenas. Siempre hay lugar para la esperanza. Siempre cada uno, cada grupo, cada familia, cada pueblo, puede enderezarse, levantarse, luchar por una vida, una convivencia que esté fundada en ciertos valores que son permanentes, en realidades que son fundamentales.
La Pascua nos anuncia la esperanza. Nos abre una puerta para animarnos a buscar la verdad, abrirnos a Dios, liberarnos de lo que se impone como ‘obvio’, como ‘novedoso’, a fin de encontrar los caminos de superación, que también incluyen el reconocimiento del error, la entrega, la fidelidad, el sufrimiento y la conversión al esplendor de la verdad, tanto conocida, como vivida.
Para todos felices y santas Pascuas.
+ Alberto Sanguinetti Montero
      Obispo de Canelones

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4 comentarios

  1. Mons. Sanguinetti, Sólo lea su mensaje pascual! Nuevamente lleno de oscuridad. ¿Está Ud en medio de una cruzada? A mi modo de ver, ha resucitado a un Jesús que no era, el que inventaron los hombres que vinieron después; y se olvidó del Jesús del Amor. Ésa, y no toda la retórica que después construyeron ha de ser la "Verdad" de que él hablaba. En cambio, no hay nada de Amor en su mensaje. Hay algo mucho menos trascendente; apenas una mal disimulada actividad política alrededor de tres o cuatro objetivos que la Iglesia ha fijado a nivel internacional. Otra oportunidad perdida de elevar las miras.

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  2. Matías: el amor implica la verdad, si no, es un sentimiento ciego. Jesús nos amó, muriendo por nosotros - como lo recuerdo en el mensaje - y manifestando la verdad. Dice: yo soy el camino, la verdad y la vida. Él es la Palabra de la verdad del Padre.
    Por eso, anunciar que hay verdad - frente a un relativismo que lleva a negarla - es parte del servicio del amor, es también dar esperanza; porque si no hay verdad, no hay esperanza.
    Es también verdad que la verdad principal o el centro de la verdad no son las verdades particulares (como el matrimonio), sino Dios mismo y su amor: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.
    Este mensaje estaba escrito y enviado antes de la entrada que provocó tanta polémica. Ahora es publicado después de esa entrada y parece una reiteración. Pero, es más completo y sereno.
    Es bueno leer el Evangelio entero. Jesús nos amó, entregándose por nosotros, nos amó perdonándonos, y nos amó enseñando la verdad sobre el Padre, sobre sí, sobre el hombre y el plan de Dios sobre él (y aquí se incluye los aspectos que he recordado). No hay ninguna contradicción y no es su enseñanza oponer amor a la verdad.
    Él dice: el que me ama guardará, mi palabra. En esto se conoce que me aman, en que cumplan mis mandatos.
    Felices Pascuas.

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  3. Nuevamente le ruego, Moseñor: ¡No avergüence más Ud. mi condición de católico!
    Desde su interpretación literal y fundamentalista del Génesis, hasta su desopilante teoría psicosexual; todo esto sin mencionar su increíble, paranoide y apocalíptica advertencia de estar frente a la "destrucción del matrimonio", no me dejan margen para otra suposición que la de que Ud. se ha embarcado en una arremetida retrógrada y oscurantista que poco bien le hace a Nuestra Iglesia y a la comunidad toda.
    Como en su momento le mencioné y tristemente le recuerdo "Ud. ha sido elevado a la dignidad de ser ministro de Dios."
    Su encendida arremetida contra los lentos pasos de la Humanidad hacia una sociedad más justa, - me veo obligado a reiterar - no colabora en nada a acercar a quienes queremos activamente compartir en comunidad nuestra esperanza y nuestra fe.
    Insisto en que "Cristo se hace presente entre aquellos hombres de buena voluntad que se reúnen en su nombre.
    Con profundo dolor le recuerdo que ellos se encuentran entre quienes Ud. ataca y persigue, y públicamente hace objeto de su hostilidad."
    Lo invito a reflexionar acerca de cuál es la verdadera tarea de su ministerio. Y de qué manera perpetúa Ud. la violencia simbólica, fundada en el odio y el temor, la necesidad de control y disciplinamiento, sobre la que ciertas instituciones se han eregido.
    Por favor, hágase cargo de esta cruzada obscena en la que se ha embarcado. Es de baja política y de pobre religiosidad. Ya no le pido que tome una decisión desde una fe que inexplicablemente arremete contra los excluídos y discriminados de siempre. ¡Tan solo le pido un poco de honestidad intelectual!

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