miércoles, 16 de noviembre de 2016

Libertad religiosa. Laicidad


En el mundo hay horribles ataques a los hombres, basados en la ausencia del respeto por la libertad religios

De acuerdo con el Religious Freedom Report 2016, de la organización Ayuda a la Iglesia necesitada:
Sobre el 75% de la población mundial vive en áreas con patentes restricciones religiosas (Pew research center). De los 196 países estudiados 38 muestran inequívocas evidencias de violaciones significativas a la libertad religiosa.

El Uruguay está exento de tal violencia, de lo cual hemos de congratularnos.
Sin embargo, anota el informe:
"Se observa en el debate público la discusión en torno al alcance de la laicidad del Estado tan característica de Uruguay. Es posible constatar hechos de intolerancia y discriminación religiosa sustentados en una interpretación de lo laico como ausencia total del fenómeno religioso en el espacio público confundiendo, por ejemplo, profesar la fe con proselitismo o si se debe confiar en una autoridad parlamentaria que declara abiertamente su religión o la ubicación de símbolos religiosos en lugares públicos.
En todo caso, la discusión en torno a lo religioso se considera algo positivo pues demuestra el dinamismo de la materia que anteriormente se arriesgaba silenciar sin mayor intercambio".

viernes, 4 de noviembre de 2016

Los santos: ellos manifiestan el ser e la Iglesia

El mundo, el que se llama a sí mismo con capacidad crítica, continuamente ve en la Iglesia, o lo que le parece que coincide con el propio mundo - entonces la alaba - o los pecados de los miembros de la Iglesia - que también coinciden con el mundo - pero entonces la vitupera.

Sin embargo, los que realmente manifiestan la realidad más profunda de la Iglesia son los santos. Yno particularmente porque hicieran alguna acción que parezca buena a los hombres, sino por su particular docilidad a la gracia y voluntad de Dios, por su humildad y obediencia. Lo cual, ciertamente, también produce frutos de justicia, gracia y misericordia para con el prójimo.

Así el mundo cuando habla de la Iglesia, habla de poder, de ambiciones y muchos otros pecados, que si son reales no tenemos por qué ocultar, puesto que la Iglesia le canta a Jesús, el Cordero que quita los pecados de los hombres: tú solo eres santo.

Pero, lo que sí pide un espíritu más crítico y buscador de la verdad es reconocer - y para ello conocer - la variedad y el esplendor de la santidad de la Iglesia. Son los frutos más hermosos de la humanidad.

El 3 evocamos a San Martín de Porres, mulato, desclasado, humilde, enamorado de Cristo, servidor de pobres,enfermos y también de los animales.
El 4 a San Carlos Borromeo, de familia noble, emparentado con papas, de modo que junta a su santidad, la capacidad de mando, el gobierno de situaciones difíciles, el amor a todos, la entrega a los humildes.

¡Qué grande es la Iglesia en sus santos! Y cuánto bien haría que en la cultura común, en la enseñanza se diera a conocer a algunos santos. Daría un buen impulso a las nuevas generaciones.


miércoles, 2 de noviembre de 2016

EVOCANDO A JORGE BATLLE y SU LAICIDAD ABIERTA

 Muchas cosas buenas, lindas y verdaderas se han dicho estos días acerca del Dr. Jorge Batlle, como persona, como político, como estadista, como pensador.
Yo quisiera agregar un granito de arena, recordando su concepción de ‘laicidad’, coherente con su pensamiento y su personalidad. Su postura fue de una laicidad abierta y positiva. Sea dicho en un sentido filosófico – de reconocimiento del valor espiritual y su importancia en la sociedad – sea en un sentido histórico – de valoración crítica de los distintos momentos – sea en una visión de la realidad de la composición de nuestra convivencia ciudadana.
Yo escribí un largo artículo analizando las actas del Parlamento en la discusión acerca del monumento de la cruz recordatoria de la visita papal. Fue publicado primeramente en la revista Soleriana, 1995, año XIX, 1-2, pp.203-239, con el título La conciencia uruguaya se confiesa ante Cristo. Discusión parlamentaria sobre la cruz del Papa. Luego formó parte del libro Alberto Sanguinetti Montero, Amor, verdad, gratuidad, Buenos Aires 1997, p.279-319, como capítulo 11, con el título más amplio Religión y laicidad a fines del siglo XX.
Allí aparecen citas de muchos parlamentarios (Los textos citados están tomados de : 1) Diario de Sesiones de la Cámara de Senadores, Tercer período ordinario de la XLII Legislatura, Nº 180 - Tomo 305,  (14 de mayo de 1987), p.391-433 (citamos Senadores)  2) Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes, Tercer período ordinario de la XLII Legislatura, Nº 1940 - Tomo 628 (9 de junio de 1987) p.542-596; Nº 1941-Tomo 628 (10 de junio de 1987) p.614-698; (citamos Diputados).
Hay posiciones encontradas, acerca de tolerancia, laicidad y religión, desde una concepción clásica, fijista y cerrada de laicidad, hasta un concepto positivo, abierto, que acepta relecturas históricas. En este segundo grupo el Dr. Batlle desplegó su capacidad intelectual y su comprensión del alma de la nación.
Como pequeño homenaje a sus aportes en tantos órdenes de la vida, sigue a continuación lo que escribí presentando su postura en las páginas 306-309 del mencionado libro.

* * * * * * * * * * *

El senador Batlle continúa en la línea anterior. Señala que el artículo 5º es interpretado hoy, por él y por otros, en una realidad política y social distinta del año 17. "Entiendo la laicidad de una manera distinta a como se la ha concebido en el pasado o tradicionalmente en el país"[67].
Batlle desideologiza la discusión que quería -por parte del laicismo opositor- plantearse en un nivel de principismo abstracto: identidad entre laicismo y no sostener el Estado una religión, identificado con una total prescindencia, encerrando la religión sólo en el ámbito privado, por lo cual no puede aparecer ningún  símbolo religioso determinado en la vía pública [68].
Él desideologiza: primero con un tratamiento histórico del tema. No es igual en el siglo XIX, en el año 17, y ahora. Y ve las consecuencias positivas y negativas de la solución del 17 ahora.
Desideologiza en segundo término la afirmación de que la igualdad para todas las posturas, incluidas las religiones se vea de un modo abstracto desconociendo la realidad: aquí concretamente la mayoría se reconoce en el símbolo de la cruz, porque nuestras raíces son cristianas y, aún más, una buena mayoría es católica
El reconoce la actitud que deben mantener los organismos y acciones del Estado, en cuanto no sostener religión alguna, ni estar en condición de dependencia o influencia de una determinada creencia religiosa. Pero, afirma, "ese sentimiento de laicidad, que prevalece en la vida nacional, se ha transferido o transformado en una actitud que extendida a todas las formas de la actividad no creo que haga bien ni que sea buena para ninguna sociedad”.
Y describe la situación cultural - ya no jurídica- de laicidad: "La laicidad consiste, para algunos en limitar su manera de pensar, en no exhibir su forma de sentir o de creer. En realidad, a lo largo del tiempo las filosofías que han prevalecido y las ciencias y tecnologías que las han acompañado, han transformado la laicidad en un profundo escepticismo y por ello la laicidad se ha vuelto un instrumento de carácter, digamos, negador de la fuerza espiritual, de la razón o de la raíz espiritual de cada uno de nosotros”[69].
Defiende esta postura la necesidad de que se expresen las opciones y entonces, entiende la laicidad, con un significado de respeto, pero no de negación, una actitud con la que y desde la que se exprese la manera de pensar[70].
Entonces, consecuente con su primera distinción de carácter histórico -entre su lectura actual y la del año 17 - continúa viendo el sentido histórico de lo que se debate. Más allá de la visita del Papa, la permanencia de la Cruz en ese lugar reconoce que "este es un país de origen católico, dado que esa fue nuestra primera emigración y todos nuestros héroes de la independencia profesaban esa religión".
Sitúa el liberalismo posterior no como contrario al sentimiento religioso, sino en contra de determinadas prácticas y actitudes políticas del centro de poder que representó siempre la religión católica, en el discurso político coyuntural... de forma que aún en aquello opositores decimonónicos  ve -con Octavio Paz- a participantes de una especie de ‘tibia religión filosófica de católicos disidentes’ que al final lo fuimos todos[71].
Con audacia, dentro del debate, acepta "que se trata de un homenaje a un símbolo de una religión (la cruz). Sin embargo esto no quiere decir que el Estado la asuma, sino que reconoce la existencia de una religión  y no está en contra de que se rinda un homenaje porque  entiende el sentimiento no sé si mayoritario porque no lo he medido,... " [72].
Con el mismo realismo histórico y cultural se afirma y se acepta que la cruz de alguna manera expresa el sentimiento cristiano de una civilización de la cual todos formamos parte y de la que hemos heredado los valores fundamentales de nuestra conducta cotidiana y, moral, que están por encima de las ideologías, de los partidos...[73].
Luego de agregar otros posibles simbolismos, agrega: "la presencia de ese símbolo de carácter espiritual, que tanto representa en la vida de nuestra civilización, de nuestro país y de todos de cuya historia formamos parte - esto es también importante - contribuye a que el país comience a no discutir -porque ¿por qué tenemos que hacerlo? ¿por qué controvertir? - sino, a sentir las cosas del espíritu como algo que tiene que volver a tener importancia primera en la vida de los seres humanos”[74].
También enfrenta el Senador Batlle el prejuicio de una igualdad aséptica, que dice: debe ser para todos iguales, aún con igualdad hipotética; entonces tendría iguales derechos de presencia -no de ser respetada- un adepto solo de una religión que la Iglesia Católica. Con gran realismo acepta que en nuestra cultura, con muy diferentes adhesiones, la ampliamente mayoritaria es la católica: el respeto por las demás no implica la falta de respeto por la realidad de esta mayoría:
"En función de esto (el párrafo aludido anteriormente) es que estamos a favor de que la Cruz permanezca en ese lugar, tal como si yo estuviera donde se profesa el islamismo aceptaría que allí hubiera símbolos de esa religión y si mañana los armenios o los judíos, o cualquier otro grupo que profese alguna religión, quisieran hacer un homenaje al hombre que los representa y que llega al Uruguay, en Montevideo, lo aceptaría. Entonces me preguntarían, ¿por qué no en tal lugar? y estaría de acuerdo porque en medio de las religiones que se profesan en la actualidad en el país con toda libertad, el catolicismo es, sin ninguna duda, aun para aquellos que no somos católicos, la que representa el sentimiento enormemente mayoritario de la población del Uruguay. ¿Acaso nos distinguimos por el islamismo? No; nos distinguimos porque estamos embarcados y provenimos de una corriente cristiana. Algunos profesan activamente esa religión, otros no la practican o como el señor senador Senatore han sido bautizados, que no es mi caso".
Y luego de recordar la ausencia de sacramentos en su familia, agrega: "Pero reconozco que en la vida del país prevalece el sentimiento cristiano y si algún símbolo de espiritualidad nos puede representar, no para confrontarnos, sino para reclamar por esa y otras vías que esos temas vuelvan a tener presencia en la vida de los pueblos, quizás éste es el más apropiado, porque alrededor de él cada uno puede identificarse con su pensamiento".




[67] Senadores, p.419. Sturla: "En el año 1929 se interpeló al Ministro de Relaciones Exteriores de la época por haber mandado a un subordinado suyo a asistir a un Te Deum en la Iglesia Matriz. Hace un mes escaso el señor Presidente de la República se hizo presente en la ceremonia litúrgica celebrada en Tres Cruces y cinco o seis Ministros de su Gabinete comulgaron públicamente de manos del Santo Padre. ¿Quién duda que eso es un progreso sustancial en las costumbres y en las prácticas del país? Hace setenta años se censuraba acremente a un ciudadano por haber acompañado a su hija hasta el altar en la ceremonia religiosa de un casamiento. En cambio, setenta años más tarde, se admite que el Presidente de la República concurra a un acto de este tipo. ¿Quién duda, repito, que esto es un avance sustancial en nuestras costumbres y en nuestras prácticas? Esto es un síntoma de tolerancia. No debemos flaquear ante la tolerancia” (Diputados, p.593).
[68] Daverede, para destrabar esta concepción estrecha de laicismo, adelanta la distinción entre Estado y Nación: "Sabido es que en las democracias el concepto de Estado no comprende toda la amplitud que tiene el concepto de Nación; de lo contrario caeríamos en un totalitarismo. Aunque el Estado esté comprendido en la Nación, ésta abarca una extensión conceptual mucho más amplia... Se sobreentiende que se declaran monumentos públicos no, precisamente porque expresen los valores del Estado -como si esos valores fuesen su patrimonio exclusivo- sino más bien porque ponen de manifiesto los valores de la Nación" (Diputados, p. 583).
[69] Senadores, p.419.
[70] Lescano: "... porque ése es el sentido último de un Estado laico: admitirlas (las ideas) no sólo en la intimidad o en la reserva, sin ser también capaz de crear las condiciones para que no se violente la conciencia ni -por supuesto- la Constitución, cuando esas ideas asumen el carácter de un símbolo visible en un lugar público, y aún de particular relevancia, como admito que es el que en este momento está levantada la cruz" (Diputados, p. 651).
[71] Cf. Senadores, p.419.
[72] Senadores, p.419.
[73] Cf. Senadores, 419.
[74] Senadores, p.420.

martes, 18 de octubre de 2016

Concierto de órgano - viernes 21 19.30 - en el bicentenario de la Catedral de Canelones

Dentro  de los festejos del bicentenario de la piedra fundamental de la Catedral Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones, podremos disfrutar de un extraordinario concierto de órgano.
Extraordinario, por tratarse de celebrar estos 200 años de aquel comienzo, en un órgano que pasa el siglo, todo mecánico.
Extraordinario por el pequeño órgano Dessigliogli del '900, un ejemplar casi único en el mundo, de acuerdo a sus características.

Extraordinario por el organista ejecutante. El Mtro. Gabriele Giacomelli tiene un curriculum impresionante, como organista, como estudioso,como director artístico.

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Un particular agradecimiento a la Mtra. Cristina García Banegas y a todo el XXX FESTIVAL INTERNACIONAL DE ÓRGANO DEL URUGUAY.

Podemos apreciar lo mejor del arte. Un arte que nace de la fe y del culto, especialmente del culto a la Santísima Eucaristía, sin la cual no puede comprenderse plenamente.


GABRIELE GIACOMELLI
Organista y musicólogo toscano, diplomado en piano y órgano con las máximas notas en el conservatorio “L. Cherubini” de Florencia. Laureado cum laude en Historia de la Música en la Universidad de Florencia.
Escribió ensayos en revistas científicas y actas de congresos sobre numerosos músicos.  Entre otros publicó gli organi di S. Maria del Fiore di Firenze. Sette secoli di storia dal ‘300 al ‘900. Ha participado como consultor musical y ejecutor de la música de órgano al documentario de M. Luconi Domenico Zipoli un musicista tra gli indios.
Zipoli fue afamado compositor que luego entró en la Compañía de Jesús y produjo numerosas obras que se ejecutaron en las misiones jesuíticas, y en todo el Paraguay, Río de la Plata y Alto Perú.
Participa en el Maggio Fiorentino y en diferentes orquestas, festivales,  universidades y en la Accademia Nazionale di S. Cecilia.

Desde 1997 es el director artístico de O flos colende. Musica sacra a Firenze, organizado por la Opera Fiorentina del Duomo y desde 1998 del Festivale Zipoli promovido por la Comuna y la Provincia de Prato.

viernes, 14 de octubre de 2016

Bicentenario de la piedra fundamental CATEDRAL DE CANELONES 13 de octubre fotos homilía





El jueves 13 de octubre se celebró el Bicentenario de la Iglesia Catedral Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones.

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* se cantó un solemne Te Deum presidido por Mons. Alberto Sanguinetti
* el Prof. Ágapo Palomeque pronunció una evocación histórica
* El Coro de la Escuela Nacional de Arte Lírico dio un espléndido concierto con el Locus iste de Bruckner, el Ave Maria de Javier Busto y el Regina coeli de Mozart.
La directora de la escuela es la Sra. Raquel Pierotti y el director del coro el Mtro. Juan Asuaga

Fue una fiesta extraordinaria, de valor histórico, cultural y católico. Asistió el Sr. Cardenal Arzobispo de Montevideo, Mons. Daniel Sturla, autoridades civiles y militares y una numerosa asamblea.


Homilía en el Tedeum del 13 de octubre de 2016
Santa Iglesia Catedral Nuestra Señora de Guadalupe

Sea alabado Jesucristo  r./. sea por siempre bendito y alabado.
Queridos hermanos y amigos. Nos reunimos hoy para recoger con gratitud el legado generoso del esfuerzo de nuestros mayores.
I) El Pbro. Xavier Tomás de Gomensoro era hombre patriota, a la altura de las circunstancias. En 1810, como Cura Párroco de Santo Domingo de Soriano escribió el acta de defunción del antiguo régimen colonial. Y en el acta de aquel lejano 13 de octubre de 1816 puso: año séptimo de la libertad de las Provincias Unidas del Rio de la Plata y segundo de la absoluta independencia de esta Oriental.
En medio de las guerras interprovinciales, comenzada la segunda invasión portuguesa, la intención del P. Gomensoro y los fieles guadalupenses, es secundada por el Cabildo Gobernador de Montevideo, representado por D. Joaquín Suárez y con la aquiescencia de José Artigas, Jefe de los Orientales, que ordena que – a pesar de la urgencias bélicas – los diezmos sean adjudicados a la construcción de esta iglesia.
Por supuesto también seguía la vida ordinaria. Para compartir emociones puedo evocar que mi tatarabuelo materno tenía 6 años, y el niño correteaba por estos pagos de Villa Ntra. Señora de Guadalupe.
     Sin falsas oposiciones, aquellos hombres de la patria vieja, sostenían una visión completa de la existencia, una fe católica formada, que reconocía a Dios, principio y fin de todo lo creado y a Jesucristo Salvador y Señor de la Historia. Por lo mismo el hombre y la sociedad entregados al trabajo y la lucha de esta vida terrena, estaban abiertos a que todas las cosas tuviesen a Cristo como cabeza, tanto las del cielo como las de la tierra. Por eso, en medio de grandes trabajos políticos y militares, se entregaban a la construcción de esta iglesia.
II) Ahora bien, aunque parezca una realidad tan obvia, es bueno que nos preguntemos ¿Qué es una iglesia? ¿Por qué los cristianos edifican iglesias?
Los paganos, según imaginaban a sus dioses, hacían sus templos como una casa para poner la estatua de su divinidad, para que viniera a habitar allí.
Israel tenía conciencia de que el Dios verdadero, el Señor y Creador, no es abarcable ni en el cielo ni en la tierra (2 Cr. 6,18). Por eso el templo de Jerusalén era signo de su presencia, fundada en el acto libre con que el  Dios de Abraham, Isaac y Jacob había hecho alianza con su pueblo y se había comprometido a escuchar sus clamores y a ser su garante.
La plenitud y novedad viene con Jesucristo. En él habita corporalmente la divinidad, él es el Hijo eterno de Dios que asume la carne de María Virgen: “el Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros” (Jn.1, 14). Él es el templo verdadero, por su encarnación, y es llevado a perfección por su muerte y glorificación (cf. Jn.2, 19-23).
Siguiendo el misterio de su encarnación, Jesús ha unido consigo a su Iglesia, que es su cuerpo y Esposa, constituyéndola templo del Espíritu, a donde viene a habitar con el Padre. La comunidad de los bautizados, la Iglesia, cuya cabeza y pastor es Cristo es el templo de Dios vivo.
Por eso, como escuchamos por boca del apóstol, los incorporados a Cristo por la fe y el bautismo, somos “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros estáis siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Espíritu”. (cf. Ef. 2,20-22).
III) Del misterio de la Iglesia de Cristo, participa la casa de la iglesia, esta iglesia, de cuya piedra fundamental hoy celebramos el bicentenario. La casa de la iglesia es expresión y extensión de la Iglesia Santa,  “humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación y lo presente a la ciudad futura que buscamos” (SC 1).
El mismo edificio, no sólo un espacio útil para la celebración de los divinos  misterios, sino que es también fruto de ellos – especialmente de la Santa Misa – tiene una realidad sacramental. Más aún, incluso cuando no se está celebrando, la casa de la Iglesia anuncia a la Iglesia viva y su misterio de gracia, su santidad y su esperanza de vida eterna y la hace visible y presente entre las casas de los hombres.
La iglesia es un espacio dinámico, que atrae el movimiento del pueblo hacia el Padre, por la medición de Cristo y con y por su cuerpo que es la Iglesia, por la acción del Santo Espíritu.
Desde el exterior con su movimiento hacia lo alto y sus puertas abiertas, recuerda a todos su vocación hacia la comunión con Dios y la vida celestial. Llama a todos acercarse al Dios de la misericordia y de la vida. “Nos hiciste, Señor, para ti y está inquieto nuestro corazón hasta que descanse en ti” (S. Agustín, Conf.1, 1).
Para entrar en la casa de la iglesia somos invitados a ascender para elevarnos hacia Dios, para entrar por la puerta de la misericordia. Entonces se franquea el umbral, símbolo del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva al que todos los hombres son llamados y a la que accedemos por el bautismo (cf. CatIC.1186).
La iglesia visible simboliza la casa paterna hacia la cual el pueblo de Dios está en marcha y donde el Padre "enjugará toda lágrima de sus ojos" (Ap. 21,4). Por eso también la Iglesia es la casa de todos los hijos de Dios, ampliamente abierta y acogedora.
Aquí –como lo oímos en el Evangelio – Jesús nos dice “vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados y yo los aliviaré” (Mt.11, 28). Esta casa es lugar de consuelo, de misericordia y de perdón. En ella somos acompañados desde el nacimiento hasta la muerte, en la esperanza del perdón y la vida eterna.
En la nave somos congregados como un único pueblo santo de Dios. El ambón es el trono desde el cual es proclamada la Palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo. La cátedra significa la presencia del ministerio del obispo, que predica y garantiza la fe católica y apostólica. 
El altar es el axis mundi, el eje del mundo, de la humanidad, en el espacio y en el tiempo, es Cristo, ayer, hoy y siempre, principio y fin, alfa y omega, por quien todo ha sido creado y que sostiene todo por su palabra poderosa. Ante el altar se ora y se ofrece el Sacrificio de Cristo muerto y glorificado, en la espera de su venida. Esta es la fuente y culmen de toda la existencia de la Iglesia peregrina, anticipo de la eternidad.
De este supremo amor de Cristo, en el memorial de su pasión, surge toda la vida y la energía de perdón, de caridad, de obras de misericordia corporales y espirituales, con que los cristianos somos llamados  a vivir fecundamente en el mundo, haciendo presente la misericordia del Padre. La inconfundible siempre perenne novedad que Cristo da al mundo por sus santos brota de la fuente del altar. Pensemos sólo en san Juan XXIII, Santa Teresa de Calcuta y en el Venerable Jacinto Vera.
El reinado de Cristo está en el mundo pero no proviene de él. Por eso, el dinamismo del edificio de  la iglesia expresa y realiza el del Pueblo de Dios: todo proviene del Padre por Cristo en el Espíritu y a él nos conduce. Así el ábside de la  iglesia, representa el mundo celestial, que se hace presente aquí en los santos misterios, por la mediación de Cristo glorioso, y nos conduce hacia el Padre.
En una sociedad pluralista, la casa de la iglesia, con su presencia en medio de un pueblo, en su territorio y su historia, sigue proclamando la gracia de la fe en Cristo, su acción salvífica en la Iglesia por la oración y los sacramentos. Continúa así mostrándole a cada ser humano y a toda la sociedad un humanismo total, donde se confiesa el pecado y la gracia, se piensa con la razón y la fe, que reconoce al Creador  en todo el universo y tiene como vocación la vida eterna.
Acabamos de oír la confesión de Jesús: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños” (Mt.11, 25-26). Él nos enseñó a pedir el don de la alabanza: “santificado sea tu nombre” (Mt.6, 9; Lc.11, 2).
La finalidad superior del hombre y de la sociedad, en privado y en público, donde alcanza su última medida y llega a la estatura plena de verdad y libertad, es la alabanza de Dios y el culto del Padre.
Era más sabia y sana una comunidad de campesinos analfabetos de hace siglos que se arrodillaban para adorar a Dios y cantar sus alabanzas, que multitudes de instruidos, cuya vida no alcanza la madurez del culto al Dios vivo.
La oración y la adoración son una realidad personal y social y, en algún sentido, también política, porque hace al sentido de las sociedades y de los pueblos, como lo comprendían los mayores que hoy recordamos hacia doscientos años y, en medio de las batallas, construían iglesias.
Esta dimensión y realidad de alabanza y adoración hace entender la magnificencia, la expansión de todas las artes en la casa de la iglesia. No puede comprenderse con categorías de utilidad o costos, sino como acto de amor, gratuidad y culto. La iglesia de piedra llevándonos a reconocer el don de Dios en la creación y la historia, la redención y la vida eterna, es también acto de elevación, de adoración al Padre en Espíritu y verdad, que como se expresa en el amor al prójimo también se expresa en el arte.
Como lo escucharemos cantar dentro de un rato, referido al edificio de la iglesia: “Locus iste a Deo factus est, inaestimabile sacramentum, irreprehensibilis est. Este lugar es obra de Dios, misterio inestimable y libre de todo defecto (del gradual de la Misa de dedicación).

“A Aquel que tiene poder para realizar todas las cosas incomparablemente mejor de lo que podemos pedir o pensar, conforme al poder que actúa en nosotros, a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén” (Ef. 3,20-21).





 

El pueblo católico canario y Jacinto Vera - Domingo 9

Entre los festejos del BICENTENARIO DE LA PIEDRA FUNDAMENTAL de la CATEDRAL Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones estuvo la Jornada diocesana del 9 de octubre

click diocesisdecanelones.com video y fotos

     Los adultos trabajaron en grupos sobre la misericordia.
     Por su lado lo hicieron los adolescentes

     Un momento culminante fue la presentación de "Proyecto Jacinto Vera", por el grupo Aristophanes en la Plaza 18 de julio de la Ciudad de Las Piedras.

Luego siguió la Santa Misa estacional en la Iglesia Catedral desbordada por el pueblo de Dios.







miércoles, 5 de octubre de 2016

La persecución del pensamiento diferente del hegemónico.

Como lo hicieron todos los totalitarismos de Estado: yo cuido tu libertad, bajo mi total sumisión.
Pretendiendo combatir la discriminación y la intolerancia, se discrimina al que piensa distinto del pensamiento que se quiere imponer y se es intolerante con el que cree que debe proponer una forma distinta de vivir.

Cada vez es mayor la imposición del pensamiento hegemónico, con una virulencia de verdad absoluta que se quiere imponer en toda expresión, en la educación.
Pero no basta la imposición. Juntamente viene la persecución contra todo el que defienda una visión distinta del hombre, del mundo y de Dios.
Perversamente se dan vuelta las palabras y los mismos derechos.
Así con la atrayente afirmación de impedir toda discriminación - no sólo en hechos, sino en juicios de valor - se pretende configurar el delito de pensar diferente, sobre el hombre, el cuerpo, la sexualidad, la familia, la religión, la sociedad.
ASÍ SE QUIERE REGLAMENTAR LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO, EXPRESIÓN Y LA LIBERTAD RELIGIOSA HASTA EL PUNTO DE SUPRIMIRLA EN MUCHOS ASPECTOS.
De aquí la alerta del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa acerca de nuevos acuerdos que vienen desde la OEA, en particular la Convención contra toda forma de discriminación e intolerancia.


Declaración del CONSORCIO LATINOAMERICANO DE LIBERTAD RELIGIOSA sobre la “CONVENCIÓN INTERAMERICANA CONTRA TODA FORMA DE DISCRIMINACIÓN E INTOLERANCIA” (OEA), pendiente de ratificación por los Estados signatarios
El CONSORCIO LATINOAMERICANO DE LIBERTAD RELIGIOSA manifiesta su preocupación en relación a la Convención Interamericana Contra Toda Forma de Discriminación en Intolerancia (en adelante, la “Convención”), aprobada por la Organización de Estados Americanos (en adelante, la “OEA”). Ésta se encuentra abierta a su firma y pendiente de ratificación por los Estados signatarios, siendo objeto de estudio en varios países de la región.
La Convención contiene elementos sin duda alguna de gran valor. En relación a lo que es el principal objeto de nuestra preocupación, valoramos que se ratifique la condena a cualquier forma de discriminación por razón de la religión. Sin embargo, creemos que esa protección se ve opacada por otros aspectos de la Convención más difíciles de compartir.
Está de más mencionar que el Consorcio y sus miembros en ningún caso aprueban la intolerancia o la discriminación en cualquiera de sus formas, tal como han sido ya definidas en los instrumentos vigentes en el sistema interamericano de Derechos Humanos y su homólogo universal. Sin embargo, creemos que la Convención, tal como ha sido redactada, no es capaz de conciliar adecuadamente el objetivo de combatir la discriminación injusta y el resguardo de los derechos humanos de libertad de expresión, de conciencia y de religión ya reconocidos. Nos parece además que dicho instrumento es inconsistente con otros cuerpos internacionales de derechos humanos ya existentes. En esa línea, el Consorcio comparte los serios reparos planteados por terceros agentes[1] respecto a la incompatibilidad de la Convención con la regulación propia de los Estados sobre protección a los derechos humanos ya mencionados.
La Convención genera dos innovaciones que son, a nuestro juicio, particularmente preocupantes: la primera es la definición extremadamente amplia y omnicomprensiva de “intolerancia”, que se constituye en un concepto jurídico indeterminado, y otorga un amplísimo margen de discrecionalidad a sus intérpretes; y la segunda es la creación de un “nuevo derecho humano” a la protección en contra de la referida intolerancia. De esta forma, se crea para los estados miembros de la OEA que se hagan parte de la Convención la obligación de “eliminar, prohibir y sancionar todos los actos y manifestaciones de discriminación e intolerancia”, aun por y entre actores privados, con el potencial resultado de vulnerar la libertad de expresión del pensamiento, de conciencia y de religión, en su faz interna, todos los cuales son preciados para el sistema interamericano. Esto no excluye a las organizaciones religiosas, incluso respecto de las relaciones al interior de ellas, entre sus miembros y de estos con aquellas.
Tradicionalmente, las leyes antidiscriminación buscan otorgar protección a  personas que ven vulnerados derechos humanos fundamentales, por motivos vinculados a las llamadas categorías sospechosas, tales como la raza, la etnicidad, la religión o el sexo. El sentido de estas normas es garantizar a todas las personas, y especialmente a las que están en situación de vulnerabilidad, el igual acceso a bienes jurídicos protegidos por los tratados de derechos humanos, sin discriminación arbitraria. En la Convención, en cambio, la intolerancia se presenta en sí misma y en forma autónoma como conducta a sancionar,  y se configura por el solo hecho de emitir una expresión que alguien considere como intolerante, sin que se requiera afectación de un derecho subyacente. En otras palabras, la Convención obligaría a los Estados Partes a sancionar y censurar discursos o actividades que puedan encuadrarse dentro de la definición de intolerancia, esto es, cualquiera que implique discrepancia u oposición a la opinión de un tercero, sin necesidad de verificarse perjuicio a otros derechos, y por el solo hecho de que la opinión expresada sea denunciada por terceros como intolerante.
Es un elemento constitutivo de casi todas las religiones la creencia fundamental de que los actos humanos pueden ser contrastados con normas o códigos de conducta reconocidos por ellas, y que en base a ese juicio puede discernirse aquello que es bueno o malo conforme a los mandamientos de la fe. La Convención obligaría a los Estados a castigar toda enseñanza religiosa que implique un juicio moral acerca de conductas humanas, incluso expresadas en abstracto o respecto de los propios miembros de las distintas confesiones religiosas. Aunque la Convención no tenga como finalidad violentar las libertades de conciencia y religión, o de expresión, es muy probable que ese sea el resultado de su aplicación estricta.
Creemos que la Convención tal como ha sido redactada afecta gravemente la libertad de expresión; y también y fundamentalmente la libertad religiosa. Ésta última, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha definido como "uno de los cimientos de la sociedad democrática"[2], en relación con la citada libertad de expresión, incluye sin duda alguna la libertad de expresar juicios morales y de presentar, difundir y defender la propia doctrina religiosa y moral aunque algunas personas puedan sentirse afectadas por ellas o considerar que tales juicios no son suficientemente tolerantes.
Finalmente, al crear un “nuevo derecho humano” (el derecho a ser protegido de toda forma de intolerancia, en el amplísimo sentido que el término tiene en la Convención), este instrumento tendría el potencial efecto de dejar sin protección los derechos humanos –protegidos por el Pacto de San José de Costa Rica– a la libertad de expresión, de conciencia y de religión, de reunión, de asociación, y de circulación y residencia, por cuanto todos ellos están sujetos a ser restringidos para proteger los derechos de otros a no ser víctimas de intolerancia. Ante la creación de este nuevo derecho –que a diferencia de los otros, no parece estar sujeto a ninguna limitación, sin perjuicio del reconocimiento generalizado de que no existen derechos absolutos– el contenido y protección de todos aquellos derechos será reformulado en base a la Convención y subordinado al nuevo derecho, que pasaría a tener primacía absoluta. En síntesis, las libertades de expresión, de conciencia y de religión,  y otros, dejarán de existir como las hemos conocido hasta hoy.
Es por estas razones que el CONSORCIO LATINOAMERICANO DE LIBERTAD RELIGIOSA, habiendo analizado detenidamente el texto de la Convención, y habiendo deliberado de manera informada en su seno, ha resuelto institucionalmente expedir esta declaración, en la que invita a los Estados miembros de la OEA a no ratificarla, al menos en su estado actual.


[1] En este sentido puede atenderse a los comentarios y reparos oficiales de la delegación de Canadá al proyecto de convención, explícitamente afirmando que sus preceptos son contrarios a los derechos de libertad de expresión, así como también de libertad de conciencia y religión (Misión permanente de Canadá, Nota explicativa de la misión a la comisión negociadora sobre su retiro del proceso de negociaciones, OEA/Ser.G CAJP/GT/RDI/INF.21/10, 1, 30 de Nov., 2010). En un sentido similar los comentarios del ex Secretario Ejecutivo adjunto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Ariel Dulitzky, en cuanto la definición resulta ser omnicomprensiva y contraria a comportamientos legítimos en sociedades democráticas (presentación de A. Dulitzky a la comisión negociadora, OEA/Ser.G CAJP/GT/RDI-108/09, 4, 27 de Ene., 2009) y del Comité Jurídico Interamericano, en cuanto el concepto de intolerancia es tan amplio que incluye el disenso, característica de todo sistema democrático (OEA/Ser.Q CJI/doc.339/09rev.2 ¶3, 19 de Mar., 2010).
2 Caso "Olmedo Bustos vs. Chile", y repetidas citas posteriores que ha hecho de él la Corte.